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Padre del cine de animación moderno, el belga Raoul Servais (1928-?) posee un breve (si atendemos a su edad) pero laureado curriculum centrado principalmente en los cortometrajes. Este julio pasado estuvo en la Sala Parpalló de Valencia pero, para todos aquellos que, como un servidor, nos enteramos de estas cosas dos meses después de que se den, quería presentaros uno de sus primeros trabajos, "To Speak or Not to Speak" (1970).
Desde entonces han pasado casi cuarenta años -que se dice pronto-, y no obstante su denuncia del pensamiento único, al que nos conducen los grandes poderes fácticos creadores de opinión, parece certera y visionaria como pocas. Mientras a nivel popular el flower-power, ahogado en su vacuidad nominal y fagocitado por el sistema daba sus últimos coletazos; mientras el escepticismo hacía mella en los más jóvenes, que buscaban otras formas de rebeldía o sencillamente caían en la inopia... Servais todavía es capaz de dirigir su lúcida y devastadora mirada al patrioterismo más bárbaro, el belicismo, el dirigismo de las conciencias, la estupidización, la conversión de individuo en mero consumidor, el miedo al rechazo social...
A quien sepa degustar este amargo bocado, sólo resta recordarle que en el Youtube puede encontrar algunos cortos más del maestro, entre ellos “Goldframe” (1969) o el célebre “Harpya” (1979), clásico de la animación de todos los tiempos. Bon Appetit.


Aunque quizá la expresión más pura y personal de la creación en estos medios urbanos sea el que se hace a título personal. Creatividad libre, sin ataduras, independientes al 100% del ámbito académico. Y acaso la expresión artístico-callejera más popular y de mas arraigo en la actualidad es el graffiti –que, paradójicamente, el ámbito académico ya anda tratando de apropiarse mediante su estudio- y precisamente a este punto quería yo llegar para hablaros del misterioso Banksy, acaso el grafittero más mediático del planeta. Su arte no sólo abandona el ámbito museístico en favor de las calles, sino que además, completando todo el ciclo, y por ello es noticia, acaba por volver de nuevo a las grandes galerías, que están ofreciendo importantes sumas por sus corrosivos garabatos.
Desconocemos su identidad, medio éste –el anonimato- que, como suele, lo único que consigue es acrecentar la leyenda. Únicamente tenemos una fotografía atribuida a él de dudosa autenticidad y la sospecha de que se trata de un varón blanco de Bristol (Reino Unido). Y su obra, claro. Desarrollada en su mayoría por las calles de Londres, la ciudad con más cámaras de seguridad del planeta, ni siquiera la extrema vigilancia ha logrado desenmascararle.
Banksy realiza actuaciones en el medio urbano con intención reivindicativa, tal y como hicieran, por ejemplo, las Guerrilla Girls. Nos dice de él la Wikipedia:
"Aparte de su obra en la calle, Banksy es conocido por colgar sin autorización algunas de sus obras en museos. De este modo, ha expuesto su obra en la Galería Tate Modern de Londres; el MOMA (Museum of Modern Art), Museo Metropolitano de Arte, el Museo de Brooklyn, y el Museo Americano de Historia Natural de Nueva York, y el Museo Británico de Londres. En este último caso (en mayo de 2005), colgó una pintura rupestre de aspecto primitivo que mostraba una figura humana entre animales salvajes empujando un carro de supermercado."




